domingo, 19 de octubre de 2014

Veinte minutos

Cantaba Víctor Jara que la vida era eterna en cinco minutos. Si le hacemos caso, el fútbol estaría compuesto por muchos tramos de minutos eternos, de partidos dentro de los partidos y de situaciones que solo encontrarían algo de lógica si buscamos semejanzas en la propia vida. Hoy solo pude ver los últimos veinte minutos del encuentro de Las Palmas. Llegué cuando el equipo tenía un jugador menos y con el Numancia buscando el empate. No sé nada más de lo que sucedió antes. A partir de ese momento viví varios tramos de esa supuesta eternidad que defendía el cantautor chileno. Me encontré con un equipo que se mostraba seguro en defensa y que no se descompuso en ningún momento. Está claro que esa eternidad se hubiera hecho insoportable si el Numancia hubiera marcado cuando el balón golpeó en el larguero de Casto. No entró la pelota y seguidamente Las Palmas volvió a certificar un dos a cero contra el Numancia con un golazo de Hernán Santana. Era importante ganar hoy porque la clasificación y la propia temporada está marcada por muchos de esos tramos de cinco minutos que equivaldrían a cinco o seis partidos. En casi todos esos tramos hemos estado en puesto de ascenso, y esta noche, con todo en contra, se ha demostrado que hay equipo, entrenador y afición para subir a Primera División. Lo diremos bajito o lo escribiremos con minúsculas para no romper el hechizo. Yo solo pude ver cuatro tramos de eternidad por la televisión. Después abrí una cerveza, rebusqué en You Tube para volver a escuchar a Víctor Jara recordando a Amanda, y me situé en los días en que oía esa canción y la Unión Deportiva era un equipo asentado en Primera División. La historia de los clubes también se compone de tramos de años muchas veces contradictorios y lejos de toda lógica. Nos queda la ilusión intacta del ascenso que se nos escapó el pasado año. Quizá no era el momento, nos sobraron algunos minutos de juego. Ahora parece que, tramo a tramo, partido a partido, ese sueño está cada día más cerca.

viernes, 17 de octubre de 2014

Retorno a la cordura

No entendía la desatención de muchos entrenadores de los últimos años hacia la Copa. En Inglaterra es casi sagrada, y para la gente de mi generación es la competición en la que más arriba hemos visto a la Unión Deportiva. Y no lo entendía porque encima nos decían que casi se habían dejado ganar para conseguir el ascenso. Y claro, huelga decir que esa martingala, además de incomprensible, fue siempre incierta. Ojalá ascendamos de categoría, pero mientras podemos ir pasando eliminatorias en la Copa, y encima con equipos de Primera. Creo que tenemos jugadores y talento de sobra como para llegar lejos en esa competición. Sería una maravilla plantarnos en las semifinales o en la final. Ya un día llegamos a semifinales estando en Segunda, y a todos nos quedó la magua de aquella eliminatoria ante el Barça de Maradona que, de haber aplicado el valor doble de los goles de la actualidad, nos hubiera colocado en la Final. Y esa hipotética final, claro, también podría servir para curarnos de aquella derrota tan dolorosa ante el mismo club catalán, aunque en ese caso al equipo blaugrana lo manejaba Cruyff desde el mismo terreno de juego. Buscamos el ascenso; pero no por ello tenemos que desdeñar el sueño copero.

domingo, 12 de octubre de 2014

Confianza y talento

Ya jugamos contra el Betis. Y pudimos haber ganado. De hecho, teníamos que estar contando ahora los detalles de una victoria. Con un jugador menos y metidos en su campo el último cuarto de hora: así terminó el equipo que iba a ascender casi por decreto al principio de temporada. Los pesimistas dirán que hemos sacado solo dos puntos de los últimos nueve; pero los que queremos ver todo con los ojos del ascenso tenemos claro que la Unión Deportiva ha demostrado más empaque y mucho más recorrido que el Sporting y el Betis. Yo creo que los jugadores amarillos se han dado cuenta hoy de que el ascenso solo depende de sus ganas y de que espanten de una vez todos los complejos. No hay rival que marque diferencias. Todos irán subiendo y bajando a lo largo de los meses. Lo que me tranquiliza es la solidez defensiva de Las Palmas. Ya luego, de medio campo hacia delante, hay talento de sobra; pero todos estos años ese talento quedaba en nada cuando llegaban a nuestra área. Ahora solo hay que estirar la mano un poco más para alcanzar lo que deseamos. Ya no veo aquellos horizontes inalcanzables de otras temporadas. Seguimos en los puestos altos de la clasificación. Urge una victoria el domingo contra el Numancia. Lo sabemos los aficionados y lo tienen claro los directivos y el cuerpo técnico. Ahora solo falta que los jugadores se convenzan de una vez por todas de que el ascenso depende por completo de ellos. Todo pasa por la confianza y y el talento. De lo segundo andamos sobrados. La confianza, en cambio, solo se gana con el tiempo. Lo mismo que la suerte.



sábado, 4 de octubre de 2014

Funambulismo

Nunca debes aguardar el paso del cadáver de un enemigo delante de tu puerta. Es probable que con el tiempo ni siquiera recuerdes por qué lo maldecías. Y si finalmente pasa y aún se mantenía viva la venganza tampoco habrás ganado mucho porque más tarde o más temprano tú irás por el mismo camino. Pero este enredo tiene poco que ver con el fútbol. Aun con el paso de muchos años, casi todo se acaba poniendo en su sitio. En el caso del Sporting ni siquiera ha pasado media temporada para que nos devolvieran más o menos lo mismo que le hicimos nosotros el pasado año. Cuando jugamos contra ellos en Liga y en nuestro campo fallaron dos ocasiones casi calcadas a la que hoy tuvo Héctor Figueroa para darle la vuelta al partido. También, si nos remontamos a la promoción, el portero del Sporting, cuyo fallo fue clave en aquella victoria final de Las Palmas, hoy realizó uno de esos paradones que se quedan grabados en las retinas futbolísticas. Hace unos meses, ese mismo portero tendría pesadillas cada vez que visualizaba una camiseta amarilla.
Podemos hablar de poco fútbol y mucha Liga Adelante, esto es, de un partido embarullado y sin belleza que solo se sostiene en la incertidumbre del resultado. Por lo menos no caímos derrotados; pero si nos hubiera acompañado la suerte ahora mismo estaríamos celebrando otra victoria épica. Toca apretar los dientes y mirar hacia delante, en este caso hacia Heliópolis si queremos seguir estando arriba. Estamos en medio de un montón de equipos que sueñan con lo mismo. No es este el mismo Sporting del pasado año. No lo veo al final de temporada luchando por el ascenso; pero si tenemos en cuenta que la temporada pasada el campeón fue el Eibar, cualquier vaticinio puede ser tan desastroso como atrevido. Los más optimistas contábamos hoy con cinco puntos más en la clasificación. La realidad nos ha hecho bajar a la Tierra. Esto es largo, tan largo como esa suerte que va y viene logrando equilibrios que parecían imposibles. En estos casos necesitamos un equipo y una afición funambulista. El alambre parece ser nuestro único sino desde que se fueron Germán y Brindisi.

domingo, 28 de septiembre de 2014

El déjà vu de los naufragios

Todo parecía dispuesto para que fuera un gran día de fiesta. Teníamos el mantel, la cubertería, un vino excelente y el mejor de los condumios; pero alguien se olvidó de controlar el fuego y de aderezar correctamente los platos. Y encima no llegaron todos los invitados que estábamos esperando. Esa comida que presumíamos pantagruélica y deliciosa nos ha dejado con una comezón en el estómago que no arregla ni la mejor agua guisada de nuestras abuelas. Hoy perdimos de la peor manera posible: por la mañana, contra el Tenerife y jugando pésimamente al fútbol.
Una derrota matinal te deja más descolocado que las que sufres a última hora de la tarde o de la noche. Ya andas todo el día como paloma sin nidal y escuchando las crónicas improvisadas donde quiera que te muevas. Caer derrotados contra el Tenerife duele más que hacerlo contra el Osasuna, el Real Madrid o el Celtics de Glasgow, y si además pierdes viendo cómo los jugadores de ellos se multiplican por todo el campo la cosa pinta todavía más negra. Jugamos sin criterio, sin confianza, sin personalidad y sin cabeza. Todo empezó siendo totalmente distinto al pasado año. Metimos un golazo tras una gran jugada de Araujo que centró para que Nauzet dejara pasar el balón y Momo rematara de manera impecable; pero de repente, cuando creíamos que íbamos a ganar cuatro a cero, metimos al Tenerife en el partido tras un saque de corner. Hasta hoy no había visto fisuras en los planteamientos de Herrera; pero contra el Tenerife creo que se precipitó en los cambios. Y no solo eso: no entiendo cómo teniendo el criterio, la maestría y la pausa de Valerón a su disposición decidió dejarlo en el banquillo para quedarse a merced del músculo de Vitolo, de Cristo Martín o de Aridane.
El Tenerife nos ganó por coraje, por empuje y por esa inercia que siempre prodiga la confianza si la suerte está de tu lado. Casi no rematamos a puerta en la segunda parte y corríamos por el campo como pollos sin cabeza. Tenía que llegar la primera derrota; pero ya digo que este era el peor de los escenarios, y encima apareciendo la sombra del malhadado Uli Dávila. Ahora volveremos a los tópicos del borrón y cuenta nueva y aquí no ha pasado nada; pero sí han pasado cosas y el entrenador tiene una semana por delante para que los jugadores vuelvan a jugar con la confianza con la que venían ganando. Llega el Sporting y hay que demostrar que lo del Heliodoro fue un accidente, un despiste o uno de esos días en que decidimos hacernos el harakiri.
Vi el partido en la terraza de La Boheme, en el Monopol, rodeado de decenas de aficionados que abarrotaban el espacio con camisetas y bufandas amarillas. El gol que metió Momo resonó como si hubiéramos marcado en la final de Champions; pero ese eco se fue apagando poco a poco a medida que pasaban los minutos. A la una de la tarde, y con un solajero que rajaba las piedras, nos mirábamos unos a otros sin saber adónde ir. Delante de nosotros pasaban los bueyes y los parranderos de la Romería del Rosario; pero la romería estaba más para malagueñas que para isas, folías o saltonas. Lo único que se escuchaba era el nombre de Valerón por todas partes. Faltaba criterio, mesura y clarividencia, y el de Arguineguín solo aparecía en la tele con un peto naranja. El caviar estaba escondido al fondo de la casa, y el mejor vino, y la cubertería de plata. Esperemos que lo podamos disfrutar en otra fiesta. Toca levantarse, pero te quedas con una magua tremenda sabiendo que tenías argumentos de sobra para cambiar el guion de todos los años, esta sensación de déjù vu que dejan siempre todos los naufragios.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los milagros inesperados

Hace unos meses, saliendo del estadio de Gran Canaria, se le apareció una especie de ángel a un hombre apesadumbrado con una bufanda amarilla.
-Pídeme un milagro
-¡Estoy yo para milagros! Hace un rato te hubiera pedido que el remate del Córdoba hubiera golpeado en el palo o que hubieras impedido que saltaran decenas de energúmenos al campo; pero ahora, como casi siempre, los milagros llegan tarde.
-Ya eso pasó, si quieres la temporada que viene subo al equipo a Primera.
-Has tenido muchos años para hacer eso. Lo primero es meter goles y evitar que nos los metan. Pero no me hables del año que viene porque ni siquiera sé si voy a venir al estadio.

Todo aquello se olvidó, y esta temporada más de catorce mil aficionados se hicieron socios de Las Palmas. También llegó un argentino. Los grandes ídolos de ese aficionado que renovó su abono fueron los argentinos de los años setenta que vistieron de amarillo. Siempre que le preguntas algo de fútbol el subconsciente le remite una y otra vez a Carnevali, a Wolf, a Brindisi y a Morete. No ha vuelto a tropezarse con aquel ángel, pero cada vez que la Unión Deportiva marca un gol le lanza un guiño desde la grada. Es imposible que aparezca un delantero como Araujo si no hay un milagro o un ángel por medio. Casi todo lo que toca lo convierte en gol, que es algo que en el fútbol vale más que el oro o que cualquier potosí que nos pongan delante. Pero un fenónemo necesita un equipazo a su alrededor, si no es probable que se quede en el mismo camino en el que se quedaron tantos jugadores de esta isla por no disponer de ese conjunto adecuado y, sobre todo, de un entrenador que supiera de fútbol y de lo que acontece fuera del campo. El partido ante el Alcorcón se parece a aquel encuentro en el que descubrimos a Jonathan Viera y a Vitolo, pero la solidez de este equipo no tiene nada que ver con el empaque y la seguridad defensiva que ha logrado Paco Herrera. Ya sé que tiendo a ser optimista desde que ganamos un par de partidos seguidos. La vida no sería habitable si uno no intentara ser optimista desde que sale de la cama. El fútbol se parece mucho a la vida y nos enseña que las decepciones son como esas borrascas que siempre terminan pasando. No sé si todo esto tendrá algo que ver con el encuentro que tuvo aquel aficionado con un ángel. Los ángeles también aparecen cuando los buscamos. O un día se presentan vestidos con los colores de tu equipo y casi tienes que pellizcarte para saber que no es un sueño lo que estás mirando. Ha habido muchas apariciones así de fulgurantes en la historia de la Unión Deportiva; pero hacía muchos años que no llegaban, o que si llegaban se apagaban en un par de jornadas o con los primeros elogios. Lo de Araujo es otra historia, lo mismo que lo de Nauzet, Valerón, Momo, David Simón o Javi Castellano. Muchos de ellos lo perdieron todo hace un par de meses. También a nosotros nos quebró el alma aquella panda de desalmados que saltó al campo; pero ya dijimos entonces que no estábamos dispuestos a que nos ganaran. A los bárbaros se les derrota con belleza y con inteligencia, o con goles como los que se marcaron anoche en el estadio de Gran Canaria. Que no nos despierte nadie de este sueño. Y que los ángeles sigan vistiendo de amarillo durante muchos años.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Que siga la fiesta

En la primera parte casi miré más hacia el cielo azul de Santander que hacia el terreno de juego. Fue algo lógico si tenemos en cuenta que hubo casi cuarenta faltas y que el fútbol parecía un remedo de un partido de las Cinco Naciones. El Racing se defendió con toda clase de faltas y de interrupciones, y aun así logró un gol que casi nos cuesta el partido. Pero eso era antes. Ahora ves que el equipo no se desmorona en ningún momento, que no es aquel conjunto de personalidades contrariadas que se venían abajo con el primer gol en contra. Fuimos verticales, ambiciosos y, sobre todo, coherentes, con un Valerón que parece que está todo el tiempo dirigiendo una orquesta sinfónica. Y luego, claro, está ese delantero que parece un híbrido de Saviola y del Chino Recoba. Lo de Araujo son palabras mayores. Presientes el gol desde que recibe un balón en el centro del campo. Marcó el primero y el segundo, que marcó Ángel casi cuando el partido estaba terminando, solo era una cuestión de tiempo. Esto es va en serio. Que siga la fiesta y que nos dure la tortícolis por tener que seguir mirando hacia arriba todo el rato.