sábado, 13 de septiembre de 2014

Que siga la fiesta

En la primera parte casi miré más hacia el cielo azul de Santander que hacia el terreno de juego. Fue algo lógico si tenemos en cuenta que hubo casi cuarenta faltas y que el fútbol parecía un remedo de un partido de las Cinco Naciones. El Racing se defendió con toda clase de faltas y de interrupciones, y aun así logró un gol que casi nos cuesta el partido. Pero eso era antes. Ahora ves que el equipo no se desmorona en ningún momento, que no es aquel conjunto de personalidades contrariadas que se venían abajo con el primer gol en contra. Fuimos verticales, ambiciosos y, sobre todo, coherentes, con un Valerón que parece que está todo el tiempo dirigiendo una orquesta sinfónica. Y luego, claro, está ese delantero que parece un híbrido de Saviola y del Chino Recoba. Lo de Araujo son palabras mayores. Presientes el gol desde que recibe un balón en el centro del campo. Marcó el primero y el segundo, que marcó Ángel casi cuando el partido estaba terminando, solo era una cuestión de tiempo. Esto es va en serio. Que siga la fiesta y que nos dure la tortícolis por tener que seguir mirando hacia arriba todo el rato.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Un equipo ganador y copero

La victoria también termina siendo una costumbre. Aquellos que ganan habitualmente ya salen al campo con la mitad de los puntos conseguidos. Al final es el deseo y la inercia de la propia victoria la que termina condicionando hasta los entrenamientos. En los dos últimos partidos de Las Palmas uno tenía la impresión de que más tarde o más temprano llegarían los goles. Si está Araújo cerca del área ya sabes que esa intuición se terminará cumpliendo incluso antes de lo esperado, pero creo que en estos momentos da lo mismo quien se enfunde la camiseta amarilla. En las últimas temporadas presentíamos las derrotas antes de que llegaran -incluso el día del varapalo ante el Córdoba la mayoría de nosotros ya estaba anticipando ese gol que llegó cuando casi teníamos el sueño en la mano-. Este año también perderemos algunos partidos, pero creo que con un entrenador como Paco Herrera es muy difícil que un conjunto se acostumbre a ese sino descarnado que deja siempre cualquier fracaso. De momento estamos casi en lo más alto de la clasificación y seguimos adelante en la Copa. Este equipo, tan vertical, y con una plantilla amplia y con tanto talento, también está llamado a ser copero. Tiempo al tiempo.

domingo, 31 de agosto de 2014

La perspectiva

Un empate fuera nunca es un mal resultado, aunque a la hora de la verdad los empates valen igual fuera que dentro de tu propia casa. Sumas un punto y nunca sabes cuánto puede dar de sí un punto a final de temporada. El Mallorca, además, no es el Llagostera, aun sin llegar a ser el equipazo que fue hasta hace pocas temporadas. Las Palmas pudo haber ganado perfectamente este partido, pero me quedo con el final, con esa actitud inquebrantable a la hora de buscar la portería contraria. No era un final de Liga. Queda toda la temporada por delante; pero si un equipo, jugando fuera de casa, busca la victoria a toda costa en el minuto noventa, uno, si es seguidor de ese conjunto, duerme más tranquilo, o por lo menos sabe que los jugadores seguirán jugando dentro de una semana con esa intención y con las mismas ganas de lograr una victoria. Vale que hay otros equipos, sobre todo Betis y Sporting, que se pueden ir distanciando. Yo no me obcecaría con ellos. Más tarde o más temprano tendrán sus baches. Lo que vale es que Las Palmas no pierde la actitud que ha demostrado hoy hasta el último segundo. La primera parte jugó de maravilla y pudo haber sentenciado pero, como sucede casi siempre cuando te marcan un gol al filo del descanso, lo psicológico juega y parece como si te cambiaran el guion de repente. En la segunda mitad se tiró de oficio, pero no se vino el equipo abajo como sucedía en otras temporadas. Si se gana en casa la próxima semana, la Unión Deportiva se pondría con siete puntos en tres partidos. Creo que esa es la perspectiva que tenemos que mirar para valorar este empate. Sigo pensando que hay equipo y planteamiento para que por fin podamos tomarnos esta competición en serio. El próximo domingo puede ser clave para marcar distancias y para generar esa confianza necesaria que nos mantenga en los primeros puestos de una Liga ciertamente competitiva y complicada.

domingo, 24 de agosto de 2014

Genialidad y estrategia

No era un espejismo ni un sueño de una noche de verano. No encontramos muchos trazos poéticos en el juego, pero sí la intensidad, la verticalidad y la estrategia necesaria para salir de los desiertos en los que llevamos dando vueltas hace ya demasiado tiempo. La victoria también es bella, y en medio del pragmatismo queda espacio para la lírica y para la improvisación de la belleza. Hay muchos estilistas en el campo, pero esta vez no corrían sin sentido, ni regateaban donde no se resuelve absolutamente nada. Muchos dirán que el Llagostera no es un rival para medir fuerzas, pero eran justamente esos rivales los más que nos complicaban la vida en las últimas temporadas. Y lo hacían porque el equipo saltaba al campo sin intensidad y sin tener en cuenta que los tres puntos eran igual de importantes que cuando nos enfrentábamos a un equipo de campanillas. Esto no es más que el comienzo. Y en esa practicidad inicial ni siquiera hubo espacio para que Valerón luciera por lo menos un rato. La temporada es larga y el entrenador creo que sabe lo que está haciendo. Me quedo con la actitud de todos los jugadores, tanto en el terreno de juego como en el banquillo. No pasará este partido a los anales de la historia amarilla, pero quizá en unos meses podremos decir que todo comenzó con el Llagostera. Y luego está Sergio Araujo. Y ese golazo por toda la escuadra. Nos faltaba ese jugador que parece clonado con Saviola y Jonathan Viera. Si tienes actitud, una plantilla talentosa y bien plantada y, además, un fenómeno que te resuelve los partidos con dos regates o un tiro a puerta casi imparable cuentas con los mimbres necesarios para poder llegar adonde quieras. Esto es muy largo, pero creo que esta vez sí se está transitando por el camino correcto.

viernes, 22 de agosto de 2014

Principios y finales

Todo principio es siempre un desafío. Nunca sabemos adónde vamos a terminar llegando, ni tampoco qué es lo que nos deparará ese destino siempre tan veleidoso y tan inesperado. En el fútbol, como en la vida, todo depende del esfuerzo, de la preparación y de los planteamientos que se vayan haciendo. Luego está claro que también juega la suerte; pero en una Liga creo que la suerte tiene poco que decir cuando se ha ido caminando paso a paso sin perder de vista el norte y sin cegarnos con lo inmediato. Los últimos principios de la Unión Deportiva no han sido precisamente halagüeños, y cuando no se navega con soltura desde el comienzo resulta más complicado controlar las travesías y los manejos del juego. La confianza es esencial en todo lo que hacemos. Si se empieza ganando y jugando con criterio lo más probable es que nadie nos pare antes de llegar a la ansiada meta del ascenso.
Lo que va llegando de la Unión Deportiva de esta temporada invita al optimismo. Se está jugando de manera más efectiva y vertical y el grupo que comenzó a gestarse el pasado año se presenta ahora mucho más consolidado. Queda por ver qué sucede en la portería, aunque las veces que vi jugar a Raúl Lizoain me gustó la seguridad que transmitía y su estampa de portero a lo Iríbar, sobre todo por la sobriedad de sus movimientos y por sus reflejos. Creo que el nuevo entrenador sabe mucho de fútbol, o más concretamente de ese otro fútbol que se juega en Segunda División y que nada tiene que ver con las preciosuras o las técnicas que quisiéramos ver desde que el balón rueda por el césped. No se trata de ganar a toda costa; pero sin seguridad defensiva y sin tirar a puerta no se va a ningún lado ni en Segunda, ni en la Premier, ni en Preferente.
Contamos con Valerón, y eso son palabras mayores y un motivo más que suficiente para sacar el carné de abonado, aunque luego hay que tener en cuenta los trazos de los finales. Para los que escribimos, los finales no son más que una consecuencia de los principios una vez ha transcurrido la trama y vamos desenredando todos los misterios del argumento. A nosotros nos tocó el pasado año un final que no se recoge ni en las más angustiosas tragedias griegas; pero lo que sucedió tuvo que ver precisamente con un mal principio y con una trama en la que perdimos muchas veces el norte de lo que teníamos que hacer para no extraviarnos. Luego llegaron las prisas y las promociones, y en esos casos sí es cierto que uno queda más a merced de la suerte que en una final de Copa o que en una tanda de penaltis. Antes de escribir, también tenemos que ir buscando las historias; y para ello nos nutrimos con todo lo que escuchamos, con lo que vemos y con lo que creemos que puede pasar a formar parte de un buen argumento. Realmente uno escribe cuando no está escribiendo, lo mismo que un equipo gana cuando no sabe siquiera contra qué rival se va a terminar jugando el ascenso. Para eso están las pretemporadas y las planificaciones previas, la confección de una plantilla equilibrada, el carácter de los jugadores y la preparación física y táctica. Ya luego, al saltar al campo, se recoge todo ese trabajo previo casi sin que el jugador se dé cuenta. En ese sentido creo que este año Las Palmas va por buen camino. No sabemos qué sucederá en junio. Nadie lo sabe. Pero de lo que hagamos en agosto dependerá buena parte de la temporada.
No falló la afición. Ya eso lo sabíamos todos los que estábamos en el Gran Canaria el día del ascenso del Córdoba. Sin decirnos nada, nos mirábamos unos a otros estupefactos, como el día del primer descenso a Segunda contra el Athletic de Bilbao. Recuerdo las mismas lágrimas y el mismo desencanto; pero al mismo tiempo quiero unir la reacción de entonces con la de ahora. Creo que puede suceder lo mismo. No permitiremos que cuatro gamberros nos vuelvan a aguar la fiesta. Somos muchos más que ellos y tenemos un vínculo de unión con el equipo que ha estado a prueba muchísimas veces. La afición jamás le ha fallado a la Unión Deportiva Las Palmas. En medio de una crisis virulenta y de unas duras condiciones económicas ya se superan los doce mil socios. Ya solo por eso, los jugadores deben salir en cada partido como si se estuvieran jugando la vida. Los finales, como decía al comienzo, no son más que corolarios de lo que se ha ido sembrando desde el primer entrenamiento. Aquellos que ya no están y que se quedaron a punto de celebrar el ascenso se merecen esa justicia poética. Me acuerdo de un amigo de mi padre fallecido en Guía recientemente que nunca se perdía un partido de Las Palmas cuando jugaba en casa. Se llamaba Juan Padrón León y estuvo en el estadio aquella malhadada tarde contra el Córdoba. Estoy seguro de que también estará por algún lugar del Gran Canaria si finalmente logramos festejar el ascenso. Va por ellos.

domingo, 22 de junio de 2014

Hasta que llegaron ellos

La suerte ya está escrita cuando nosotros ni siquiera imaginamos lo que vamos a encontrar unos pasos más adelante. Los días en que te juegas algo importante estás más atento a las premoniciones y a las casualidades. Hace unas horas, antes de que empezara el partido de la Unión Deportiva, volví a vivir uno de esos días en los que la infancia se presenta con la misma ilusión y las mismas ganas que cuando tenía ocho o diez años; pero eso fue hace un rato: después lo de menos fue el resultado.
No recuerdo un final de partido más triste y desolador que el de hoy. Ni el día del descenso ante el Bilbao, ni cuando perdimos la final de Copa, ni aquellos penaltis que nos eliminaron ante el Barça de Maradona. Lo de ayer no tiene comparación porque fuimos nosotros mismos los que perdimos la batalla. Y ahora lo que menos me apetece es escribir de fútbol. Ya dije al principio que juega la suerte, y que a veces no puedes hacer nada cuando te vienen mal dadas. La Unión Deportiva estaba en Primera hasta que aparecieron ellos; pero esas hordas de gamberros no nacen por generación espontánea. Llevan años campando a sus anchas sin que hagamos nada. Nos hemos cargado la educación y sin educación no hay futuro posible para ninguna sociedad. Hoy nos hemos visto ante nuestro propio espejo. Ya los habíamos visto cuando mataron a Iván Robaina; pero ni siquiera bastó aquella muerte para que reaccionáramos. No se les puede controlar porque durante años nadie les ha enseñado absolutamente nada.
Yo iba a contar que fui al estadio con mi padre y que ahora tengo más edad que la que tenía él cuando me llevaba de la mano. También nos acompañaba mi abuelo en los primeros años. Mi abuelo, en los años cincuenta, venía de Guía con una caja de palomas mensajeras que mandaba para el pueblo cuando no había carruseles deportivos. Anillaba las palomas con los hechos más relevantes y con los goles que se conseguían o que se encajaban. Mi padre las recibía en la azotea de la casa con medio pueblo aguardando expectante en la calle. Ayer, cuando Germán y Martín I soltaron las palomas mensajeras, me acordé de mi abuelo. Mi padre es ahora el abuelo de mi hija, y yo estaba deseando llevar a mi hija al estadio con Las Palmas en Primera y de la mano de su abuelo; pero ellos evitaron que se repitiera la historia. Da igual lo que pasara en el campo. Lo que importaba estaba sucediendo fuera del rectángulo de juego.
De niño veníamos de Guía en un Peugeot 404. Lo conducían René del Pino o Manuel Moreno. Se juntaban nuestros padres y los hijos íbamos en el asiento trasero deseando ver de cerca a Cruyff, a Kempes o a Netzer. No había vallas, pero a ninguno de nosotros se nos ocurría saltar al césped. Ganábamos muchas veces, y la salida por la bocana del Insular la recuerdo como uno de los momentos más inolvidables de mi infancia. Todo olía a césped y a unos metros de nosotros el amarillo brillaba como mismo lo hacía ayer por todas partes. Al principio del partido agité mi vieja bufanda y casi llegué a reconocer los lejanos acordes de la corneta de Fernando el Bandera. También me acordé de mi abuelo. Me abracé a mi padre cuando la Unión Deportiva marcó el primer gol del partido. Los últimos veinte minutos estuve al borde del infarto. Jamás he pasado tantos nervios viendo un partido de fútbol. Cuando yo era niño recuerdo que tranquilizaba a mi padre porque me daban miedo las camillas en las que sacaban en cada encuentro a los infartados. Ayer era él quien me decía que estuviera tranquilo porque subiríamos a Primera. Mi padre, que ahora tiene setenta y cinco años, no contaba con los energúmenos que matan sueños y alientan la violencia por donde quiera que pasan. Nunca había tenía miedo saliendo de un partido de Las Palmas en Gran Canaria. Ayer lo tuve. Por mi padre. Porque no podía correr y veía salvajes tatuados gritando y corriendo por todas partes. El día más triste, sin duda, de los muchos años que llevo viendo fútbol para no perder nunca el rastro más festivo de la infancia. Lo de menos fue el resultado. Los bárbaros, una vez más, aparecieron para pisotear todos nuestros sueños. Felicito al Córdoba por el ascenso. Como en la Lucha Canaria alzo el brazo del rival y reconozco su victoria. Lo de menos es que fueran mejores. Nosotros éramos los mejores hasta que llegaron ellos.

miércoles, 18 de junio de 2014

Lo que queda es sueño

La verdad es que si me dieran elegir siempre me decantaría por el Sporting de Gijón. Es como si a España le dieran a elegir un país contra el que enfrentarse y no optara sobre la marcha por Dinamarca. Ya sé que no se puede creer en metafísicas o en supersticiones cuando hablamos de fútbol, pero está claro que hay rivales con los que uno se siente más tranquilo de antemano. Ojalá España pudiera jugar el próximo partido con los de la patria de Simonsen y Laudrup antes que con los de la garra que estilan los compatriotas de Koke Contreras y de Iván Zamorano.
Después de un final de temporada nefasto, a la Unión Deportiva casi se le apareció la Virgen con el Sporting. Vale que era el rival con más empaque y con más solera; pero todos presentíamos que la suerte volvería a estar otra vez de nuestro lado. El fútbol tiene esas curas repentinas, y lo de Holanda se curó con la euforia del Molinón tras el gol de Asdrúbal y todo lo que eso supone ahora mismo para quienes llevamos más de una década de desencantos amarillos. En ese mismo estadio, cuando era niño, recuerdo una Semana Santa saltando por las calles de mi pueblo cuando Las Palmas se clasificó para la final de Copa ante el gran Sporting de Quini, Morán o Enzo Ferrero. Claro que nosotros entonces teníamos a Carnevali, Felipe, Brindisi o Morete. Gracias a aquellos tiempos, y a los anteriores de Silva y Mujica, o de Germán, Tonono y Guedes, hemos podido aguantar la intemperie futbolística de todos estos años.
Ahora nos quedan dos partidos para poder regresar a Primera. Creo que no nos podrá detener nadie. Tenemos a Valerón, y eso son palabras mayores cuando, además, se junta un grupo de jugadores experimentados a los que solo les faltaba confiar más en su talento y en su profesionalidad que en esos focos de la noche que tantas veces atontan y acaban con los que podían haber llegado a lo más alto. La afición amarilla decidirá más de media eliminatoria. El próximo domingo lo aguardamos como aquellos festivos que no nos dejaban dormir desde muchos días antes. Va por todos los que se fueron sin volver a reconocer a la Unión Deportiva en las clasificaciones donde juegan los grandes. Si todo va bien este año volveremos a estar donde los de mi generación nos acostumbramos a buscar a Las Palmas desde que nacimos hasta que casi cumplimos los dieciocho años. Por eso hemos aguantado pacientemente todo este tiempo. Nos nutríamos de la memoria y de la épica de antaño. Esa misma historia es la que debe empujar a los jugadores para que el ascenso no vuelva a pasar nuevamente de largo.
Ciento ochenta minutos, así sumados de un uno en uno como decía el poeta, casi parecen interminables; pero estamos deseando que lleguen cuanto antes. Llevábamos mucho esperando por ellos. Lo que queda es sueño. Y este sueño no podemos dejar que se nos vuelva a escapar de las manos.