domingo, 12 de abril de 2015

El reencuentro

Volvemos a empezar, pero en puesto de ascenso directo y, por tanto, dependiendo de nosotros mismos para volver a Primera. Nos toca visitar al Mirandés. Todos están hablando de campo maldito y de todos esos tópicos que a veces se repiten hasta la saciedad en el fútbol. Si la Unión Deportiva sale a ganar contra el Mirandés no hay mitología que la detenga. El fútbol es una suma de voluntades y una confianza que puede haber recuperado Las Palmas tras la victoria ante el Girona. Queda mucho y no queda nada, y hace falta mantener la cabeza fría y seguir buscando la portería contraria. Después del partido del domingo todos repetían que se habían recuperado sensaciones. Ahora hay que lograr que esas sensaciones nos sirvan para no volver a bajar la guardia. Ojalá haya pasado ya nuestra inevitable pájara de todos los años.
A veces cuesta reencontrarnos con nosotros mismos cuando llevamos mucho tiempo extraviados. Si se trata de un conjunto de extravíos la cosa se complica un poco más, y un equipo es una suma de ilusiones o de extravíos que adelantan o refrenan sus propias circunstancias. Creo que ha habido un reencuentro que puede ser determinante para no volver a mirar atrás. Lo que está por venir solo lo sabe el tiempo. Pero ese tiempo pertenece ahora mismo a los jugadores de la Unión Deportiva Las Palmas. Y también a sus aficionados. Unos y otros tenemos que aprender a navegar más allá de las revolturas de un resultado fallido o ventajoso. Que no nos ciegue la pasión desmedida y que tampoco nos frenen esos apocalipsis que queremos encontrar en todas las derrotas. Recuperemos sensaciones. Ya sé que vuelvo al tópico; pero por ascender soy capaz de agarrarme a un tópico o a un clavo ardiendo.

domingo, 29 de marzo de 2015

Araujo y el bolero de la suerte

La alegría ahuyenta los malos farios y espanta al miedo. En medio del caos o de las derrotas, el hedonismo nos sirve para alejar temores. También es el tiempo el que escribe casi todos los guiones y el que convierte a los hombres en poetas, ese tiempo de Machado y sus estelas en la mar, o aquel de Gil de Biedma cuando decía que de casi todo hacía ya más de veinte años. La Unión Deportiva hace más de veinte años que, parafraseando a Neruda, ya no es la misma. Ha cambiado mucho el fútbol y todas sus circunstancias; pero ahora siguen siendo las victorias las que curan casi todas las heridas, y las que acaban con esas crisis que parecen peores que las de los filósofos existencialistas. Anoche volvió Araujo, el mismo que nos mantuvo toda la primera vuelta como líderes. Un equipo no es un jugador, o sí, o a veces, o sí lo es cuando ese jugador decide el resultado. Había mucho de mal fario y de mala suerte en el sino del Araujo de los últimos partidos. Nunca dejó de luchar y de intentar meter esos goles que marcó ante la Ponferradina. ¿Qué ha cambiado para que el destino no golpee el balón contra el poste o lo desvíe a cualquiera de los lados de la portería? Probablemente no ha cambiado nada, o lampedusianamente todo parece que cambia para que lleguemos a ese ascenso que todos anhelamos. Espero que en Soria se trazara esa línea del olvido que uno quisiera ir dibujando cada vez que nos vienen mal dadas. Nuestra suerte, como cantaba el bolero, necesita de la suerte de Araujo, y él nos necesita mucho más. Nunca le ha fallado la afición al Chino ni a la Unión Deportiva. Y desde anoche espero que, por fin, se hayan virado esas tornas que nos estaban alongando hacia el abismo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Nos vemos en el estadio de Gran Canaria

Empezar de nuevo. Siempre estamos empezando de nuevo. Mañana contra la Ponferradina tenemos que dejar atrás lo bueno y lo malo vivido en todos estos meses para centrarnos en lo que realmente importa: ganar y, si es posible, jugar bien y entretener. Hay que trazar una raya de olvido después de Soria. No hay ningún rival que tenga garantizado el ascenso y, más tarde o más temprano, todos sufrirán alguna mala racha. Suele ser así. Casi nunca se escapa nadie, y si no miren a ese Real Madrid que parecía invencible en diciembre y que a mediados de marzo casi era comparado con el peor Alcoyano de la historia. Los tópicos hablan de finales, pero estos partidos no son más que comienzos que nos tienen llevar hacia el objetivo que estamos buscando. Ya haremos balance al final de temporada. En medio de los caminos no queda otra que seguir andando y mirando hacia delante. Nos vemos mañana en el estadio de Gran Canaria.

sábado, 28 de febrero de 2015

Preludio de sueños

Estoy deseando que llegue el domingo. A veces el fútbol no es más que un preludio de sueños, una espera ilusionada en la que se mezclan las otras esperas de partidos importantes y los goles que cambiaron nuestros estados de ánimo o nos terminaron volviendo irremediablemente futboleros. No lo entienden los que no han vivido estas sensaciones previas, las que teníamos cuando venía el Real Madrid o el Barcelona, o la que tuvimos cuando Iniesta le marcó el gol a Stekelenburg. El fútbol, como aquel París del que escribía Hemingway, era entonces una fiesta. Y espero que lo siga siendo por muchos años. Solo deseo que los exaltados aprendan de los derbis de baloncesto y entiendan de una vez que se puede perder, empatar o ganar y que no pasa nada por ello. Al día siguiente volverá la rutina y el olvido, y la vida seguirá como si nada. Sí es cierto que hay derrotas que se quedan fondeadas por mucho tiempo, y que hay victorias tan grandiosas que cada vez que las rememoramos se nos ilumina la cara como si fuéramos niños ilusionados. Y es que siempre digo que el fútbol nos conduce directamente a la infancia. Si no fuera así, no tendría sentido ni estaríamos durante una hora y media con el alma en vilo.
Esta vez sí es verdad que nos jugamos mucho. Si le ganamos al Tenerife creo que daremos uno de esos pasos que suman más de tres puntos. Tenemos equipo de sobra para salir a por la victoria sin complejos y sin especulaciones. En estos partidos las dudas solo benefician al equipo visitante. Nunca gana el público, pero no imagino el fútbol sin el bullicio o el runrún de las gradas. Deseo que estos derbis se jueguen en Primera cuanto antes, y siento no cumplir esta vez con el espíritu Coubertain. Yo quiero que gane Las Palmas aunque sea en el último minuto y de penalti. El otro día, el escritor Javier Hernández Velázquez declaraba en la prensa tinerfeña que veía al Tenerife favorito y salía arropado con una bandera blanquiazul. Javier y yo nos sentaríamos encantados a ver estos partidos cada uno con su bandera y con el subconsciente de su mitificada pasión futbolística, pero jamás nos tiraríamos piedras o nos insultaríamos. Eso es lo que pido para el domingo, que vivamos una fiesta y que disfrutemos del espectáculo. En los prolegómenos ganamos todos. También cuando los jugadores están en el campo. Ya luego uno de los dos se irá para casa un poco más apesadumbrado mientras el otro querrá gritar como un loco playa por la calle. Yo me sentaré junto a mi padre como cuando tenía cinco años. Mis sueños futboleros, huelga decirlo, se acaban tiñendo siempre de azul y de amarillo. Y hay días en que esos colores brillan como mismo brillaban en el Estadio Insular cuando yo me creía todos los sueños.

sábado, 14 de febrero de 2015

Amarillo en blanco y negro

Cuando éramos niños teníamos que imaginar los colores de casi todos nuestros sueños. La tele se veía en blanco y negro y no era todavía el centro de la vida de ninguna casa. Se seguía solo un rato y casi siempre como un acontecimiento. Apenas había partidos televisados de la Unión Deportiva Las Palmas. Las imágenes las veíamos los lunes en Estudio Estadio. Pero el pasado jueves aconteció uno de esos milagros que no esperas. Yo nací en 1967 y vi jugar a Germán, a León o a Tonono en el césped del Insular y en ese blanco y negro de la tele. Pero entonces no tenía conciencia para entender lo grandioso de su juego, ni sus movimientos por el campo. La otra noche, cuando estaba a punto de ir a la cama me llamó Nacho Acedo para decirme que encendiera rápidamente la tele y que sintonizara Teledeporte. Creo que lo que vi lo podrán encontrar en la web de Televisión Española dentro de Fútbol Vintage. ¿Qué fue lo que vi? A Guedes conduciendo la pelota, a Tonono cortando expeditivo, a Germán recorriendo todo el campo y regateando prodigiosamente o a León corriendo la banda como un galgo. También vi paradones de Betancort, jugadas magistrales de Velázquez y carreras y regates de Amancio o de Gento. Estaban emitiendo un amplísimo reportaje del Real Madrid-Las Palmas de diciembre de 1968 en un Bernabéu con un grado de temperatura; pero con mucho esplendor en la cancha. Se cumplía el aniversario de la muerte de Molowny. Quien contaba los detalles del partido y del gran jugador y entrenador canario era Matías Prats. No dejaba de elogiar el juego de la Unión Deportiva y era un lujo escucharle en una narración pausada, documentada y sin más estridencias que las que tenía que contar de lo que estaba viendo.
Luego pudimos ver también las victorias de Las Palmas ante el Atlético de Madrid en el Manzanares y ante el Fútbol Club Barcelona en el Nou Camp. Escribo esto unas horas después de haber seguido el programa, recién levantado de la cama y aún dudando si lo que vi no fue más que un sueño deseado. Casi todo era en blanco y negro. Uno entonces tenía que imaginar el amarillo en el blanco y negro todo el rato. No era difícil porque lo memorizábamos cada quince días en el Estadio Insular, aquel amarillo que brillaba intensamente con la luz de los focos. De repente también vimos ese amarillo en las imágenes contra el Atlético de Madrid en 1970. Era como si los mitos hubieran bajado un rato del Parnaso para dejarse ver y recordarnos su grandeza. Fue hermoso descubrir que los mayores nunca exageraron cuando hablaban de ellos.

martes, 3 de febrero de 2015

La recreación del mito

A los mitos hay que mantenerlos casi siempre a una distancia prudencial. Si te acercas mucho corres el riesgo de que se te vengan abajo a las primeras de cambio. Casi nunca me he acercado a mis ídolos futbolísticos de la infancia, por eso los mantengo a salvo. En otras facetas de mi vida sí he conocido de cerca a grandes hombres y mujeres que admiraba en la distancia, y no siempre ha sido gratificante esa cercanía. A esas aproximaciones he llegado como periodista, pero siempre que pude elegí no acercarme a los grandes personajes que mantengo en un pedestal literario, musical o futbolístico. Germán, Tonono y Guedes eran los grandes mitos futboleros de mi niñez. Mi abuelo y mi padre reverenciaban al Maestro, y yo recuerdo verlo jugar cuando tenía siete u ocho años como si estuviera viendo a una especie de ser superior sobre el césped del Insular. Más tarde llegaron Brindisi, Morete y compañía a convertirse en nuestros ídolos, pero los mitos siempre fueron intocables.
Nunca me acerqué a él en todos estos años, pero gracias a Ignacio S. Acedo aquel jugador con el número 10 a la espalda es todavía más grande. Nacho ha podido acercarse al personaje porque no lo vio jugar, y por tanto no se vio coartado por ese miedo a las decepciones que contaba hace un momento. Pero aun con esa lejanía generacional, en su libro se nota todo el tiempo la admiración que siente hacia Germán Dévora. No era fácil acercarse a un personaje tan mítico en la sociedad canaria. Las veces que me contó que estaba escribiendo el libro y que se reunía con Germán cada viernes por la tarde desde hacía muchos meses, no le quise romper aquella ilusión que se acrecentaba a medida que se iba adentrando en la historia del jugador y de la Unión Deportiva Las Palmas. Intuía que Nacho podría encontrar ese camino que ha encontrado, pero también temía que se perdiera en la grandeza del personaje. El libro que ha escrito es ahora mismo uno de los mejores caminos de vuelta a la infancia que conozco. El repaso de los partidos y de las anécdotas es el repaso de la vida de muchos de nosotros. Porque la trayectoria de Germán no solo fue la que vimos sino también la que no dejaban de contarnos quienes lo vieron jugar desde sus primeros encuentros. Hace unos días sí coincidí con Germán y con Nacho Acedo en un acto que se celebraba en la sede de Los Cachorros. Estuvimos hablando y le recordé al Maestro que yo de niño llevaba un llavero con su efigie a todas partes y que recordaba cada una de las estampas en las que aparecía en aquellos álbumes plagados de ídolos. Encontré a alguien parco en palabras pero con una mirada emocionada cuando le relatabas anécdotas o recuerdos de aquellos años. El libro de Nacho Acedo no solo ha sabido mantener a salvo el mito sino que lo ha engrandecido todavía más con contenidos, datos y fotografías que se repasan como mismo se repasaban una y otra vez aquellas colecciones de estampas. En la vida solo se consigue lo que se busca con esfuerzo y con disciplina diaria. Y si a ese esfuerzo se le añade la pasión de lo que uno está haciendo casi siempre se consiguen concretar todos los sueños. Así se ha gestado este libro y así se fraguó la carrera futbolística de Germán: con trabajo, con profesionalidad y con talento. Lo que queda es un testimonio que de no haber sido escrito se hubiera ido perdiendo poco a poco en la espesura del tiempo.


sábado, 31 de enero de 2015

Los vientos favorables

Hay días en que los vientos no dejan que llegues a ninguna parte. Comenzamos la segunda vuelta en un vendaval en el que era casi imposible jugar al fútbol. Empatamos y seguimos líderes. Hoy los vientos eran más psicológicos, y tras el gol del Mallorca nos asomamos a ese abismo de la impotencia que en otras temporadas nos hubiera derrotado; pero las sensaciones son ahora muy distintas. Ganamos en el último minuto y de penalti, como quieren ganar todos los que entienden el fútbol como un deporte no apto para cardíacos.
Vimos cómo Momo corría hacia el balón y cómo el balón trataba de alejarse de un portero que hoy estaba empeñado en convertirse en una especie de Zamora o de Arconada de leyenda. Cabrero lo paraba todo, incluso los tiros en fuera de juego inexistente cuando se quedaba mano a mano con los jugadores amarillos. Esos vientos soplaron a nuestro favor con la irrupción de Ortuño, un nuevo fichaje que parece que se suma al resto de acertadas incorporaciones de esta temporada. Y luego se concretaron con la pausa y el geito de Valerón, y con el coraje de un equipo que se niega a bajarse del tren de los sueños en el que viaja ahora mismo. Estos son los encuentros en los que nos jugamos el ascenso. Quedan en la memoria del jugador y del aficionado. Esa será la memoria que nos salve en esta segunda vuelta, la seguridad de que pase lo que pase se pueden ganar los partidos a fuerza de insistencia, talento y confianza. Ya estamos en 2015. Este tiene que ser el año del ascenso. El pasado año todavía soñábamos. Ahora ese sueño lo estamos empezando a tocar con la punta de los dedos, aunque sea en el último minuto y de penalti. Cada victoria es un paso de gigante que nos separa del Sporting, el Girona, el Valladolid o el Betis. Esa es nuestra Liga. Y de momento la vamos ganando.