sábado, 18 de mayo de 2013

El bar de Buenlugar

Hace tres semanas llegué a Buenlugar, en Firgas, justo cuando iba a comenzar el partido de la Unión Deportiva contra el Córdoba, quizá el encuentro que dejó al equipo amarillo con una resaca peligrosa y paralizante de la que aún no se ha recuperado. Solo había un bar abierto en la carretera. Venía de recorrer esa maravilla de la naturaleza que es el barranco de Azuaje, por lo que llegaba relajado y feliz después de escuchar la bajada del agua y el canto de cientos de pájaros festivos. En el bar quería ver el comienzo del partido de Las Palmas en televisión, pero el que tenían sintonizado era el del Barcelona. Viendo los gestos reconcentrados y alguna que otra camiseta del Barça no se me ocurrió pedirles que cambiaran de canal, aunque me quedé con la rasquera de comprobar cómo ni siquiera en el interior de la isla los amarillos despiertan el interés de cuando yo era niño y no había bar, casa o patio de vecinos en donde no se escucharan las narraciones radiofónicas siempre que jugaba la Unión Deportiva. Y menos mal que no pedí que cambiaran el canal: a la media hora ya jugábamos con nueve jugadores y nos habían marcado un par de goles. No sé qué partido habrán seguido hoy en la tele de aquel bar de Buenlugar; pero desde luego que visto lo visto en el estadio de Gran Canaria no creo que nadie esté por la labor de jugarse la clientela de su bar poniendo un espectáculo tan aburrido y tedioso como fue el partido ante el Recreativo (y lo mismo podíamos decir del encuentro de la semana pasada ante el Huesca que vi en una terraza del Monopol ante el desinterés de casi todos los parroquianos).
No sé qué le ha pasado a la Unión Deportiva, pero esa indolencia nos puede costar cara, no solo porque nos podamos quedar fuera de la promoción sino porque estamos ahuyentando a todos los aficionados que este año se habían vuelto a ilusionar con el equipo de su tierra. Hacía tiempo que no veía a tantos niños con camisetas amarillas como en los últimos meses. Solo por ellos espero que los jugadores espabilen y no dejen pasar la oportunidad que casi estamos tocando con los dedos después de muchos años de decepciones. En la vida solo gana el que cree en sus propios sueños. Da lo mismo que a veces no se cumplan. Lo lamentable es comprobar que los jugadores de tu equipo ni siquiera sean capaces de correr tras el balón que da vida a todos esos sueños. No voy a pecar de derrotista; pero sería imperdonable que no nos termináramos jugando nada por no salir al terreno de juego con la alegría y la confianza de hace unos meses. Ya casi no hay tiempo para enmendar errores. O vamos o no vamos; y si no vamos, ni en Buenlugar ni en La Culata acabarán haciéndole caso a unos colores que cada día se alejan más de los niños que siguen creciendo sin tener memoria de un enfrentamiento contra el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona. El fútbol es épica y es memoria, por eso los aficionados más fieles mantenemos a salvo nuestra afición amarilla a pesar de los muchos bostezos de todos estos años. Nos salva la memoria sentimental de los días grandiosos. Pero si no cambian las cosas el futuro de la Unión Deportiva tendrá cada día menos afectos y menos querencias inquebrantables. Ahora mismo esa épica y esa renovación de afectos depende de Nauzet, Vitolo, Momo y compañía. Esto es un juego en el que se puede ganar o perder. Lo que no aceptamos es que sea la falta de entrega y de ilusión la que nos vuelva a dejar lejos del reparto de todos los premios.

sábado, 11 de mayo de 2013

Mouriñadas

A veces salgo a correr cerca de donde están jugando los chiquillos los sábados por la mañana y me quedo asombrado con los insultos de los padres y, sobre todo, con la gesticulación y los gritos de entrenadores que solo quieren niños competitivos y estresados. No cambio esos equipajes ni esos campos de hierba artificial por las cuatro piedras con las que improvisábamos campos de fútbol creando equipos con camisetas que tuvieran -y era un decir- los mismos colores: La plaza, San Roque, La Cuesta, Urbanización Pineda...Aprendimos mucho de lo que sabemos de la vida, como decía Albert Camus, jugando y viendo fútbol, pero sin tantas sofisticaciones y sin tantas "mouriñadas".

domingo, 5 de mayo de 2013

Perder el miedo

Si se desata la locura el fútbol termina siendo una fiesta y vuelve a ser ese juego que todos buscamos desde que cantamos los primeros goles en el patio del colegio. Es entonces cuando aparece el azar en medio del caos alterando los marcadores y nuestras propias pulsaciones. Se juega con fuego; pero al mismo tiempo se sabe que se mantiene a raya al tedio que tanto nos aleja de los estadios últimamente. El tramo final del partido de la Unión Deportiva contra el Sporting fue un ejemplo de esa locura inesperada, sobre todo teniendo en cuenta que el Gijón tenía un jugador menos y que, aun así, mereció el empate que luego quedó roto cuando el equipo amarillo pudo deshacerse de esa coraza que a veces le agarrota impidiendo que fluya con naturalidad el talento de sus jugadores.
A Las Palmas le falta desmelenarse un poco más. Hay calidad de sobra para ganar y para alegrar la mirada de quienes les vean jugando al fútbol; pero una y otra vez parece que les puede la responsabilidad y que les pesan hasta las botas cuando llegan los momentos decisivos. Ayer hubo suerte; pero no siempre vamos a encontrar el santo de cara, y esa suerte, como digo, solo aparece cuando dejas que tus músculos se muevan como se moverían tus propios sueños. Seguimos dependiendo de nosotros mismos para la promoción; pero cualquier carambola nos puede dejar fuera si no salimos a ganar cada uno de los partidos. Y si llegamos a la promoción prefiero perder en un partido alocado y con muchos goles que en uno de esos encuentros que estamos viendo cada vez que se mete más gente de la cuenta en el estadio y no contemplamos ni una sola jugada que merezca la pena. Ya escribí hace unas semanas que estas finales en casa eran como un ensayo general para la promoción, y en esos ensayos los jugadores siguen sin creerse todo el potencial que atesoran. Lo único que me tranquiliza es que en el banquillo hay un entrenador sereno, observador e inteligente. También sé que, llegado el momento, la afición lograría marcar un par de goles decisivos; pero esos ensayos generales tienen que convertirse cuanto antes en grandes estrenos que despejen todas las dudas y que asusten a los posibles rivales. Hay una gran ilusión colectiva en juego. Lo único que pedimos es que no nos desvalijen ese sueño por el miedo a no conseguirlo.


martes, 16 de abril de 2013

El hombre de la gorra azul y amarilla

Lleva varias temporadas aguantando las bromas de quienes se acercan cada tarde a merendar. Viven casi todos en la calle o en condiciones de extrema pobreza. No han tenido suerte en la vida. Debe tener casi setenta años y siempre llega con su gorra de la Unión Deportiva Las Palmas. No sé cómo se llama. Yo a esa hora paseo a mi perro cerca de donde ellos se encuentran y escucho lo que dicen antes de entrar a la parroquia que les ofrece esa comida vespertina que les ayuda a llegar a la noche o a bajar los efectos del alcohol de garrafón al que están enganchados muchos de ellos. Saben de fútbol, y los mayores pontifican poniendo como ejemplo a Alfonso Silva, a Guedes o a Germán. Ese hombre lleva años aguantando burlas por su fidelidad amarilla. Ahora llega ufano y sonriente casi todos los lunes. Cualquiera que lo viera podría decir que ha sido el autor de los goles de la Unión Deportiva. No los ha marcado, pero su alegría seguro que no tiene nada que envidiar a los gritos de Vitolo o de Thievy cuando logran batir al portero del conjunto contrario. Ya no tiene que bajar la cabeza cuando le dicen que el equipo no vale un duro o que los jugadores son unos gandules. Ahora es él quien desafía a los otros exhibiendo en todo momento el amarillo y azul de su gorra de plato. Yo creo que es lo único que se mantiene limpio y poco desgastado en su vestimenta. Cada vez que gana Las Palmas me acuerdo de él, lo imagino viendo el partido al borde del infarto y luego saltando o maldiciendo la suerte por las calles en las que malvive tratando de encontrar cada noche un portal o unos cartones donde cobijarse. No ganamos el pasado sábado; pero aun así tenemos el ascenso, por lo menos el que se logra promocionando, más cerca que nunca. Nadie podrá silenciarlo hasta que acabe la temporada. En el fondo, casi todos sus compañeros de merienda son igual de aficionados a Las Palmas, aunque con tal de hacerlo rabiar lo llevan molestando hace años cada vez que el equipo pierde o tiene un mal día. El otro día hablaba de los viejos y de su deseo de ver a la Unión Deportiva en Primera antes de morir; pero esa alegría, cuando acontece, se multiplica todavía más en quienes no tienen absolutamente nada. Ese hombre seguro que hoy anda por las calles algo aliquebrado; pero el próximo lunes volverá a cantarle las cuarenta a todo aquel que se le ocurra bromear con los colores o el escudo de su gorra.

sábado, 6 de abril de 2013

A ciegas

No pude ver el partido de esta tarde de la Unión Deportiva. Escribo a ciegas; pero contento. Solo sé que ganamos en el último minuto contra otro rival directo y que la promoción deja de parecer una entelequia. Ya escribí que una vez llegara este momento y se liberaran las tensiones, el equipo iba a depararnos grandes alegrías. También vivimos contra el Guadalajara el ensayo general de las consecuencias de la euforia. Tengo claro que el próximo partido contra el Hércules será muy diferente al del batacazo de hace una semana. Este equipo es ganador, y ante eso solo queda esperar grandes acontecimientos. Tenemos que luchar por la plaza de ascenso directo (al Alcorcón le acaba de suceder algo parecido a lo de Las Palmas la pasada semana y ha perdido en casa con el Racing cuando podía poner tierra de por medio). Pase lo que pase mañana no estaremos a más de cuatro puntos de la segunda plaza. Solo sé que ganamos uno a cero y que Thievy marcó el gol de la victoria. Con eso me basta. No sé si jugamos de maravilla o si ganamos sin merecerlo. Lo que me agrada es mirar una y otra vez la clasificación y comprobar que la Unión Deportiva se ha consolidado en los puestos altos de la tabla. También me alegro por los componentes de la peña de La Bañeza. Hacía tiempo que se merecían un triunfo como el de hoy. De nuevo les recuerdo que el fútbol, como la vida, suele poner a cada uno donde se merece. La Liga es una biografía que se traza con claroscuros. Solo hay que conservar la calma cuando llegan los malos resultados y no lanzar las campanas al vuelo por un par de goleadas. Lo que vale es el final, que como ya sabemos en el fútbol no deja de ser más que el principio del próximo partido o de la temporada siguiente. Creo que se avecinan días grandiosos. Hay muchos viejos que te repiten una y otra vez que no quieren morirse sin volver a ver a la Unión Deportiva en Primera. Va por ellos.


sábado, 30 de marzo de 2013

Sombras nada más

La vida misma. Luces y sombras. Es imposible no errar de vez en cuando. Hoy tocaron sombras. No se veía claridad nada más que en el cielo azul que acompañaba a los miles de espectadores que esta tarde “humanizaron” el estadio de Gran Canaria. No vale renegar de quienes hasta hace unas horas pensábamos que eran los mejores jugadores de Segunda. Si el estadio estaba casi lleno hoy se debe justamente al trabajo que han realizado los integrantes de la Unión Deportiva esta temporada. También vale esta derrota ante el Guadalajara (0-1) para valorar las otras victorias. En Segunda, aunque suene a tópico, no hay rival fácil, y quien creía que lo que quedaba de temporada iba a ser un paseo triunfal se equivocaba de medio a medio. Prefiero que esto suceda ahora. Digamos que me lo tomo como un ensayo general para la promoción. Cuando llegue ese día-que llegará en breve- o cuando nos estemos jugando el ascenso directo –no olviden los puntos que hemos recortado en pocas semanas- ya sabemos lo que puede suceder si no salimos con la concentración necesaria. Me ha sorprendido que jugadores como Momo o Nauzet, que por su experiencia en Primera deben ser los que eviten que el equipo se amedrente ante un llenazo, no fueran capaces de ayudar a controlar mejor el tempo del partido. Lo bueno es que estoy seguro que algo como lo de hoy no les sucederá dos veces y que, junto con Lobera, serán los primeros en reconocer los errores cometidos, sobre todo la falta de tensión, agresividad y convicción del primer tiempo. Ya digo que quedan muchos puntos en juego y que los demás equipos que luchan por el ascenso también tendrán sus “Guadalajarazos”. Les recuerdo a los tremendistas que el ambiente no gana partidos, y si no tiren de historia y vayan al Maracanazo o al Centenariazo del Real Madrid en la final de Copa contra el Depor de Manuel Pablo y Valerón –qué partidazo el suyo, como casi siempre, aquella noche-. Pero si quieren buscar parecidos más cercanos en el tiempo no olviden el encuentro de España contra Estados Unidos un año antes de ganar el Mundial en Suráfrica o el empate de hace unos días ante Finlandia. El Guadalajara sería nuestro Estados Unidos o nuestra Finlandia, esa decepción que llega cuando nadie la espera y cuando tenemos a nuestro favor la historia, la afición y el estado de ánimo. Claro que eso es lo que hace que el fútbol nos enganche tanto. También les vuelvo a recordar dónde estábamos hace cinco meses. Todo sigue igual. Lo de hoy no ha sido más que un ensayo para que el día que llenemos el estadio en el partido clave de la temporada todos sepamos de entrada lo que tenemos que hacer. Lo lamentable hubiera sido que esta decepción hubiera llegado en un encuentro decisivo de mayo o junio. Ahora seguimos arriba y contamos con los mismos jugadores que ganaron la semana pasada en Sabadell de forma prodigiosa. Los extremismos se emparentan malamente con el fútbol. Hay que mantener la mesura en todas las circunstancias y no volvernos locos en los triunfos ni desgraciados inconsolables en las derrotas. Hoy tocaban nada más que sombras. Como la vida a veces, el fútbol también tiene sus días de tristes boleros.

domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulos prodigiosos

La suerte termina dando confianza y la confianza acaba luego acercando la suerte. Lo podemos escribir justo al revés que vendría a significar exactamente lo mismo. El fútbol es una mezcla de suerte, confianza, calidad y esfuerzo. Ahora mismo, la Unión Deportiva Las Palmas cuenta con todo lo que se necesita tener para acercar nuestros sueños futbolísticos adonde hace tiempo que queríamos cumplirlos. Quedan once partidos; pero les recuerdo que en la primera vuelta, a estas alturas, estábamos mirando hacia el pozo inquietante de la Segunda B. Todo lo que ha ocurrido desde entonces parece una especie de milagro; pero los milagros, como la suerte, hay que salir a buscarlos, y el equipo que entrena Sergio Lobera hace tiempo que sale decidido a cambiar de arriba abajo la frustrante historia de los últimos años.
No es fácil ganarle cuatro a cero a domicilio al Sabadell. Realmente no es nunca fácil marcar un gol en Segunda División, pero es que la Unión Deportiva es, hoy por hoy, un equipo de Primera, y a medida que pasen las jornadas y la confianza se asiente todavía más veremos todo lo que pueden dar de sí jugadores que se merecen vestir la camiseta amarilla en el Camp Nou o el Bernabéu. Si logramos asentarnos en posiciones de promoción no tengo ninguna duda de que este equipo, ya liberado de las presiones más inmediatas, será capaz de ir embelleciendo cada vez más el tránsito del balón por el terreno de juego. Hay talento y capacidad técnica como para soñar despiertos. De nuevo destaco el esfuerzo de todos los jugadores y la lectura de los partidos de Sergio Lobera. Agradezco a la directiva la paciencia que tuvo en los días más convulsos y me dispongo a esperar la fiesta que viviremos el próximo sábado en el estadio de Gran Canaria. Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto con la Unión Deportiva. La última vez que subimos no practicábamos el fútbol preciosista que estamos viendo en algunos de los partidos de esta temporada. Y además me gustan los epílogos de los encuentros, el cabezazo providencial de Murillo en Almería, la obra de arte de Vitolo y Nauzet ante el Real Madrid Castilla y el golazo de Thievy esta noche en la Nova Creu Alta. Los finales hay que saber escribirlos para que las historias no se queden nunca a medias. La Unión Deportiva está finalizando cada uno de sus últimos capítulos de forma prodigiosa. Hacía tiempo que no deseábamos tanto acercarnos al final de temporada. A veces dan ganas de adelantar las hojas para ver lo que va a suceder antes de tiempo. De momento toca dormir a pierna suelta.